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Canotaje Explosivo |
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Clic en miniaturas para ampliar Tirándose al agua.
Los últimos días de la semana de carnaval de 2007 un grupo de excursionistas de Vida Silvestre Uruguay salimos de canotaje por el Río Tacuarembó, un poco de paseo, un poco explorando un potencial recorrido ecoturístico y otro poco conociendo y reconociendo nuestro patrimonio natural. Recorrimos unos 90 Km. por el río, entre el cruce con la Ruta 5 y Pueblo Ansina. Con beneplácito descubrimos un hermoso bosque ribereño mezclado con el bosque de los cerros chatos que recortaban el horizonte. Observamos diversa flora autóctona, con llamativas epífitas (plantas que crecen sobre otras plantas), e incluso avistamos un loro que es raro en nuestro país, como es el “Maracaná” (Aratinga leucophthalma). En los tres días del trayecto, acampamos en las riberas, donde se forman playas de arena y juntamos leña de la que deja la resaca. No dejamos rastros para que próximos excursionistas puedan deleitarse con la misma sensación de estar en un lugar agreste, donde es la naturaleza quien dicta las leyes. Con ese espíritu nos largamos al agua, pese a la copiosa lluvia de 100 mm que nos bautizó.
Desolación
Sin embargo, a medida que transcurría el viaje, nos sorprendíamos de la escasez de fauna, especialmente de aquellas especies que gustan de las lagunas asociadas a cursos de agua, como los lobitos de río y los carpinchos, de los cuales encontrábamos muy escasos rastros. En un momento de la historia del país donde tanto se habla de la calidad ambiental de nuestros ríos y del Uruguay Natural nos cuestionábamos qué explicaría esa escasa presencia de fauna. ¿Sería la creciente? Imposible que una creciente de menos de 24 horas que apenas tapaba las correderas de los rápidos someros borrara los rastros en las barrancas más elevadas, además de que los animales igualmente se verían si se encontraban allí. Ni un solo mamífero silvestre avistado en todo el recorrido es más que llamativo.
Comienza la explicación
Al segundo día, cuando el fin de la lluvia nos permitió recorrer las márgenes, comenzamos a encontrar ciertas explicaciones. En 90 Km. de recorrida encontramos más de 20 campamentos de cazadores furtivos y pescadores, algunos abandonados, otros con gente y perros, pero todos con indicios de ser utilizados frecuentemente. Algunos de ellos probablemente asociados al abigeato, ya que es una practica común la matanza clandestina de ganado y su extracción por los ríos. ¡Una simple cuenta nos da más de un campamento de cazadores y pescadores por cada 5 Km. de río! Vimos un cuero de guazubirá (pequeño ciervo autóctono de nuestros montes) oreándose en una cuerda de un campamento y otro guazubirá muerto flotando en la orilla con una herida de bala. Y por si nos quedaban dudas, en la segunda noche fuimos sorprendidos en nuestras carpas por luces de carpincheros que recorren en bote el río, iluminando con un faro potente las orillas.
Nuevas evidencias
También observamos varias zonas de monte talado, incluso hasta el borde mismo del río. En algunos casos parecía efecto de una topadora que hubiera arrasado los árboles hasta el río sin siquiera usarlos para leña. Obviamente, las únicas correderas con agua barrosa cargada de nuestro rico suelo erosionado se observaban en zonas de desmonte. En Ansina los vecinos nos comentaron que la tala de monte es muy intensa y que denuncias efectuadas por varios de ellos nunca fueron inspeccionadas por la policía. También observamos cerca de Ansina zonas de extracción de arena de los depósitos dunares del margen del río, lo que de aumentar implicaría un grave riesgo de erosión de márgenes. Forestación y tomas de agua para arroceras fueron muy frecuentes, especialmente la primera, todo lo cual ha alterado marcadamente la cartografía de nuestro país, sustituyendo bañados extensos y ricos en biodiversidad y patrimonio arqueológico. Algunas especies arbóreas invasoras amenazan lo que resta de un bosque autóctono debilitado, fundamentalmente álamos (Populus sp.), espina de cristo (Gleditsia triacanthos) y pinos (Pinus taeda y P. elliotti). Basura, no, eso no encontramos porque no hay centros poblados en toda la zona recorrida y nuestra basura volvía con nosotros.
Hallazgos peligrosos
Sin embargo, faltaba aun lo peor, pues más que todo esto junto, nos impactó fuertemente encontrar flotando en el medio del río dos granadas multipropósito, de dos modelos diferentes, que aparentemente no detonaron al ser arrojadas. Luego de mucho evaluar qué hacían allí, la explicación se empezó a materializar y los cuentos de pesca con explosivos en los ríos del norte de nuestro país se volvían realidad ante nuestros ojos. La escena fue de película cuando un compañero trajo con el remo el objeto flotante con la ingenuidad de dejar limpio el lugar, lo tomó con la mano y, para sorpresa de todos, no era una botella perdida de un acampante irresponsable, ni la siguiente era una bolla perdida de un trasmallo. Ambas eran granadas multipropósito en recipientes plásticos, de uso no militar y con un dispositivo para activar la carga. Ambas estaban activadas y probablemente ninguna explotó por fallas. Eso explicaba las numerosas marcas con cintas plásticas en ramas de árboles a intervalos regulares, así como un campamento de “pescadores sin caña” con lanchas a motor, las que obviamente fueron traídas por tierra con permiso de alguna estancia, ya que dados los rápidos existentes no llegaron hasta allí navegando por el río, como nosotros. Y, como dicen las malas lenguas, los pescadores eran de la frontera, brasileros.
Uruguay ¿País natural?
Finalmente, lo que pretendió ser una excursión de disfrute se convirtió en un fuerte cuestionamiento de la realidad que vimos y vivimos en términos de conservación de nuestros recursos naturales y se hace eco de las denuncias no formales de nuestros paisanos de falta de pesca en los ríos del Norte de nuestro país. Por supuesto que cabe preguntarse qué tan natural es nuestro país y qué tan preparado está Uruguay para controlar riesgos e ilícitos ambientales en zonas conflictivas, si no lo puede hacer en otras zonas del país supuestamente menos críticas. También nos cuestionamos un posible escenario de desarrollo ecoturístico con el marco del slogan “País Natural”. Si turistas extranjeros gustan de las excursiones en canoa ¿qué vamos a mostrarles? ¿Guazubiraes muertos flotando en las orillas?, ¿plantaciones de sorgo que llegan hasta la barranca misma del río?, ¿y les recomendaremos que si ven algo flotando en el río remen hacia el lado contrario?
Una reflexión final y una exhortación a todos
En este momento Uruguay está pasando por un proceso interesante desde el punto de vista de la conservación de nuestros recursos naturales, con un Proyecto Nacional para implementar un Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas y otro proyecto nacional para realizar una Producción Responsable y por tanto más respetuosa del ambiente. Sin embargo, este artículo pretende hacer un llamado a las organizaciones y agrupaciones de uruguayos que gustamos de disfrutar nuestro patrimonio natural, en las distintas formas que existen. El Estado no debe ni puede resolver nuestra in conducta en el campo y no va a llenar de Policías o Guardaparques todos los puentes del país porque no tenemos cultura recreacional en ambientes naturales. En tal sentido exhortamos a todos los grupos de pescadores y cazadores deportivos, ya sean barras de amigos, clubes de caza y de pesca, revistas que difunden dichas actividades, organizadores de campeonatos de caza y de pesca, clubes de remeros y de canotaje, grupos de expedición en bicicleta, acampantes individuales, en fin, a todos aquellos que gustamos de salir de paseo a los ambientes naturales de nuestro país a que denunciemos estos hechos, a que exijamos a nuestros colegas usar códigos de conducta y de ética como en otros países, técnicas de bajo impacto, exijamos artes de pesca adecuados, reclamemos políticas de pesca y suelta de peces pequeños, uso de armas adecuadas para cada especie permitida, épocas de veda de pesca y de caza más eficientes, denunciemos a los infractores y pongamos en marcha el aparato de control y vigilancia del Estado a fuerza de nuestros reclamos. Esto no es tarea de unos pocos conservacionistas agrupados en ONGs, esto es tarea de nuestra ciudadanía y existen mecanismos que el ciudadano común es dueño de usar.
Autor: Lorena Rodríguez Gallego, Lic. en C. Biológicas, Master en C. Ambientales |



